Habré hecho cientos y cientos de viajes de regreso a casa en metro, en taxi. Pero ningunos más solitarios e irreales como esos; los protagonizados por la insatisfacción y el desengaño de las caricias desconocidas. Tras unos instantes de calor apresurado, una vez en la calle caen al unísono la verdad y el hielo a la altura de los pulmones…sea febrero o agosto.
Erosionada por un polvo, la energía me deja, se evapora como la mezcla de sudores que me arropa.
En esos viajes me acurruco, me hago un ovillo recostado en la ventana y a falta de fuerzas se me cierran los ojos. A falta de fuerzas no siento nada. Sólo me abandono al sueño sin sueño, una anestesia que me recorre el vientre. Un vacio que brota desde dentro. En esos momentos no comprendo a los demás, no los veo, pero todos sus movimientos me parecen estruendos.
Que me dejen en mi letargo.
Mi vía de escape.
Escapar…aunque sin saber muy bien de qué…

Weeping nude de Edvard Munch
Y por casualidad me asignan cantar:
“some of them want to use you, some of them want to get used by you,
some of them want to abuse you, some of them want to be abused…”
-Sweet dreams