Aquella mañana me lo tomé con calma después de comer varias tostadas en casa bajé a beber algo en una de las terrazas del paseo para poder embelesarme mirando al mar o a la nada.
La hora, tan temprana, invitaba al ensueño y a la melancolía; conociendo mis excesos sentimentales me enterré en la página de un libro para mantenerlos a raya. Cuando me descentraba de mi lectura, aunque sólo me apartase por un instante, asaltaba a mi mente una pregunta ¿Dónde ponerte en mi vida? La frase surgía y resurgía como un globo lleno de helio que se intenta aprisionar debajo de una mesa, asomándose como la cabeza de un niño curioso, azul.
¿dónde ponerte en mi vida? ¿dónde ponerte en mi vida??– había notado como se formulaba, después de haberte visto, en los instantes previos al sueño de la noche anterior o quizá ya durante ellos (tal vez susurrados por la versión más onírica de tu boca). y era ésta otra de esas cuestiones inútiles de plantear. ¿Acaso podría ubicarte?
Peliagudo límite de las relaciones humanas; no es nada parecido a una pareja…para mí, no sólo un amigo (tal vez en el futuro) Ahora, inetiquetable. Sólo tu nombre.