” En las tarjetas que mandaba desde las estaciones intermedias describía a gritos imágenes instantáneas que había visto por la ventanilla del vagón y era como ir haciendo trizas y tirando al olvido el largo poema de la fugacidad”
Cien años de soledad, Gabriel García Márquez
No es el momento , ya hemos cambiado hasta de estacíon, tanto en fecha como en el aroma del viento (porque sí, el perfume cambia de un día a otro trayendo el otoño, el invierno). Rara vez escribo inmediatamente después de que acontezcan los hechos. Es necesario que pase el tiempo para que lo superfluo se evapore y lo esencial precipite en el fondo de la memoria; una criba de importancia sentimental.
Tenía pendiente, en la autoimpuesta lista de deberes, escribir sobre el segundo tercio veraniego.
Situación espacio-temporal: Almería, agosto 2007
Y es que, a cuento con el fragmento, esos días aparecen ante mí como éso; imágenes instantáneas, fugaces, que, aunque inevitablemente el tiempo les coma el color, espero no caigan en el olvido, por lo menos sin dejar detrás un sabor, un olor, una ola tibia en el sentimiento.
Es difícil seguir una consecución de eventos porque ese mes, como la mayoría de ellos, estuvo lleno de momentos buenos pero aparentemente irrelevantes.
Tarjetas postales. Imágenes instantáneas.
Zooms, panorámicas, palabras, silencios, miradas, risas, sonrisas, inventos, realidades, suspiros, sinceridades, lágrimas, deseos, sorpresas, desengaños…que posiblemente sólo tienen valor y sentido para los que los vivimos.
Muestra nº1: Sal y Agua
Aroma a sal que inunda las fosas nasales a la vez que me moja una deliciosa humedad ambiental; anuncian a mis sentidos el regreso. Desembarco del tren.
Polaroid nº1: encuentro
Escribo tumbada en mi viejita toalla. Primer contacto con la arena y el sol. Pendiente de una posible presencia. Tengo ganas de verle. Aunque no sea un perro y no tenga esa capacidad, juraría que giro las orejas al sonido de una voz familiar de “jotas” aspiradas. Levanto la cabeza sabiendo qué me voy a encontrar. Una sonrisa. Intento no mostrar al completo lo contenta que estoy de verle, no sería la primera vez que me arrepintiese de dejarme llevar por mi efusividad. Se sienta en mi viejita toalla y hablamos.
Panorámica nº1:
Tres figuras se acercan por el paseo marítimo. El sol me cierra los ojos.
Polaroid nº2:
6 besos repartidos entre 3 pares de mejillas. Presentaciones. Me hace ilusión que se acuerde de mi nombre aunque supongo que se lo habrán recordado. Me encantaría poder recordar el suyo pero las letras se me escapan. Sí me acuerdo de él, antes tenía el pelo largo.
Panorámica nº3:
Estantería frente a mí. Sentada en el sofá-cama escuchando la radio y el zumbido del frigorífico.
En la calle el vendedor ambulante de la motocicleta grita; ¡BOQUEROOUn!
Pedazos de fotografía:
Algo es extraño desde el primer momento. Otras veces nos abrazamos y sin decirnos nada sabemos que nos hemos echado de menos, que nos queremos.
Está frio y gruñón (llamemosle Godofredo) y me saluda sin interés. En los dos minutos que paso en su casa critica a la mitad de sus conocidos y me defrauda. Siempre he sabido que es una persona dificilísima pero también es de las personas más especiales que conozco, si no la más especial, o eso creía. Mi desilusión llega a su tope cuando empieza a criticar sin descanso, a alguien a quien sabe que yo quiero, sólo por su raza. Se esfuman las ganas de estar con él, aunque me entristece dejar de verle a él y a su novia y a Alberto. Siempre se rodea de gente dulce que ceden y se callan ante él, yo lo he hecho otros años pero ya no me apetece más, sobre todo sabiendo que puedo estar tranquila y felíz con gente que me respeta.
Panorámica nº4:
Primera noche de feria con mis nuevas amistades. Incertidumbre de dónde y si los encontraré. Entre el gentío y un puesto de kebap se recorta un cara conocida que me ha atisvado, él inclina el cuerpo hacia el lado izquierdo con los brazos estirados pegados al cuerpo. Ya en la CNT; calor, focos y gotitas de sudor en la frente. (Aunque ahora me parezca inverosimil) Me siento tímida.
Polaroid nº3:
Fin de la noche. Alex me ofrece ir a pasar con ellos el día en la playa. Lo hace por educación? dulzura? Contrariamente a mi personalidad de no molestar/no incordiar me escucho a mi misma decir SÍ. Me apetece demasiado.
Polaroid nº4: Barco Vikingo
Emoción, aceleración, levitación. Coscorrón. Alex pegado al techo de la jaula, el pelo que suele acariciarle la frente, descontrolado. David “voltereteando” con su ancha camiseta revoloteando entorno suyo. A lo lejos Rosa espera sentada con los bártulos, paciente. A lo lejos.
Repe. Repe.
Polaroid nº5:
Coche de Alex. Dos nucas y una carretera entre ambas ¿eso son pitas?
Polaroid nº6:
Cuatro cabezas flotan por encima del agua. María simula ser una bailarina acuática; está tan graciosa cuando se come el pelo…David ahoga a quien pille sin misericordia. Alex se abraza a sí mismo en el vano esfuerzo de espantar el frío. Madel busca conchas.
Polaroid nº7:
Cuerpos trenzados, sobre toallas, bajo sombrillas, entre arena, crema y nueces de macadamia.
Pestañas coronadas por sal.
Gravación nº1:
Un tarareo. Una mirada. Una sonrisa. Complicidad(?).
Video nº1:
Lentas carreras de velocidad, interminables, ¿no lo escuchas tú?
nanino naninoo naninoo naninoo nanara nana
tzi tzi tzi tzi…
Muestra nº2:
mmmm….mmmármol frío de un portal.
Panorámica nº4:
Noche perfecta, brisa, temperatura…Luz plateada. Vuelvo a casa. La estación calla desierta.
Tengo ganas de explorar la mina abandonada; ayanamiento con nocturnidad y alebosía. Lástima que , extrañamente, hoy no lleve puesto el casco-linterna.
Polaroid nº8:
Desde las gradas observo la playa iluminada con focos que dibujan pequeñas dunas de sombra en la arena antes del amanecer.
El sueño me cierra los párpados y dejo que me mezan sus voces de suave acento y el chirriar de los grillos.
Polaroid nº9:
En el espigón , el de los gatos, la luz me deslumbra y se escucha el mar cortándose entre las rocas. Hace frio. Me acurruco.
El mundo es hoy una pantalla de DS.
Pienso en lo que David me recuerda a Puertas y la posiblidad de que eso sea una razón más por la que le tengo tanto cariño. Son casi opuestos pero cuando pienso en ellos dejan en la memoria un gusto suave de notas similares. Acabo pensando mucho en Puertas .
Estudio antroplógico nº1:
David mira abajo, se queda en pausa un segundo y luego mira a los ojos, antes de despedirse.
Spot publicitario nº1:
Barbacoa de Fran. Tras ir mendigando para conseguir una brabacoa más y superar el miedo a sus vecinos, que tienen un arpón custodiando el portal; parrchís, conversaciones cruzadas, la extraña y viscosa sensación de pisar tarta de nata y chocolate. Como en un anuncio de cocacola, un grupo de jóvenes, en el que me incluyo, se riegan unos a otros con una manguera con la escusa de quitarse el pringue de la tarta que, tras la batalla, está hasta en los oídos.
Colás nº1:
Bailes imposibles en la CNT, dejándose llevar por la música. Lástima que el Dj pase de nosotros. (D)olor a coches de choque. Una niña negrita juega a espaldas de sus padres, que tejen trenzas, con la estructura de un carrito de la compra; va a ser bailarina y se asegura de reojo de que su público esté atento. Paseos de ida y vuelta a casa de Rosa. Serrat y Sabina en pantalla de estraperlo. Los gritos de tomboleros, feriantes y niños cabrones con altavoces se mezclan con olor a gofre, algodón dulce y fritanga; a la antigua usanza.
Sesión fotográfica nº1:
Inmortalizo a Antonio y Rosa repetidamente junto a mí. Chorradas incesantes con sentido sólo para nosotros.
Polaroid nº10:
Espalda de Alex.
Polaroid nº11:
La piragua se desliza por encima del agua…hacemos un equipazo, sobre todo cuando yo no remo. Me encanta ver la playa desde lejos. Me encanta compartir la lejenía. Me siento en plan “río a bajo lo veré, lo encontraré”…una pena no tener el equilibrio de Pocahontas; los dos caemos al agua, y subir de nuevo a la barquita bailona no es mi fuerte, para qué mentir.
Polaroid nº12:
Cena en mi humilde morada. No sé por qué la timidez aumenta ligeramente (por unos minutos) cuando entras en la casa de alguien. Rosa y Alex cocinan diligentemente y hacen el descubrimiento de que la tortilla de patata está aún más buena si se reboza en vitrocerámica, sudan la gota gorda en el metro cuadrado que quiero llamar cocina. David y yo preferimos hidratarnos…el problema es que no sé si también hidratamos un poco el móvil de Rosa. Como sobremesa; batalla cosquillil al son de cánticos de vieja llamando a las cabras que suenan en la radio.
Descubren LA puerta del frigorífico pero no saben franquearla (sonrisa autocomplaciente y un poco maliciosa).
Polaroid nº13:
Risa de Rosa,
sonrie con los ojos.
Pieza final:
Llegando al final me sorprendo de la confianza que a veces se adquiere en unos pocos días; parecen más de los que en realidad fueron. Tras otra cena menos casera y otra batalla más brutal, último paseo por el paseo marítimo (válgame la redundancia). Adioses. A Alex se le sale la simpatía por los ojos, dulce. David sonríe articulando los músculos que se dignan a responder tras el último masaje facial. ¡Cuídate!
Me duele y creo que , irremediablemente, se me nota. Un año, ahora, parece mucho.
Vuelvo hasta casa con las bromas de Rosa y Antonio. Él nos hace esperar, dice tener un detalle para nosotras que tiene que recoger. Nosotras no nos lo terminamos de creer pero finalmente aparece trayendo una bolsita. Ilusión. Sí se acordó de traernos un irlandín; un osito (que ahora cuelga en mi cuarto).
El adiós que me faltaba por decir es dicho.
Unas palabras vuelan tras él:
te quierou!!
Yo no lo suelo poner en palabras pero sí, ella tenía razón, también yo lo sentía. Y la mañana siguiente, mientras el coche se alejaba de la ciudad, imaginaba que estarían haciendo cada uno de ellos y miraba los recuerdos que había coleccionado, como postales.
Los guardaré al otro lado del frigorífico, donde nadie puede robar.