30  Sep
le matin

Chimeneas de par�s

L´aube se coule à travers les rideaux

en alument, noir sur blanc, les deux peaux.

Royaume du someil abatu par le reveil.

Ella se despierta suavemente, sin razón. Abre los ojos y yace ahí, quieta, de costado, entre  sábanas.

La luz del alba profana el dormitorio colándose por los rotos de la persiana y ella los observa como a estrellas sintiéndose una privilegiada por apreciar aquella belleza cotidiana.

Intenta incorporarse sigilosamente pero es inútil porque el viejo somier chirría y se hunde ceciéndo bajo su peso. Se muerde el labio preocupada por la posibilidad de haber perturbado al sopor que reina entre esas cuatros paredes, y anda de puntillas.

Se dirige a la ventana y al descorrer parcialmente la cortina, el sol le ciega. Cuando se acostumbra al resplandor, aún con los ojos llorosos, mira los tejados de París y el extraño relieve de sus chimenéas.

Disfruta de respirar y sentir el sol. Parpadea despacio.

Es felíz así, ahí, quieta, de puntillas, entre cortinas.

Se sienta silenciosa en el pupitre y comienza a escribir casi en la penúmbra, en aquel cuarto repleto de cajas y maletas, ropa tentida y otra tanta tirada.

La despierta de su ensueño una caricia en el múslo desnudo y se gira hacia donde proviene el roce.

Él sonríe mientras intenta abrir los ojos somñolientos levantando las cejas.

                 ¿Qué haces despierta?

Lo dice con la voz aterciopelada de aquellos que despiertan de un plácido sueño.

Ella calla, iluminada, aprecia cada detalle aunque no está completamente en aquel cuarto…se pierde en sí misma, se esfuma, bruma.

Ahí, es mejor así; sin palabras.

Observa con una media sonrisa entre los labios a aquel chico que se despereza, se levanta y descansa su peso en el fregadero, mientras se lava la cara.

Ella se divierte mirándole. Sin arreglar, sin peinar, sin perfumar, natural, así, ahí…está perfecto. Ni siquiera se da cuenta de ello y ésto aumenta aún más su encanto; porque la belleza buscada, como la virtud forzada, pierden esplendor.

Él se gira, ya más espabilado, para encontrarla sonriendo.

                 ¿Por qué sonríes? ¿Qué miras?

Ella calla, sólo ofrece una sonrisa más amplia y se deja besar.

Son felices así, ahí, quietos,          de pie,                                   entre bártulos

                                                         de_spreocupados,                 entre_lazados.

Posted by arridens, filed under Climas. Date: Septiembre 30, 2007, 9:41 pm | No Comments »

” En las tarjetas que mandaba desde las estaciones intermedias describía a gritos imágenes instantáneas que había visto por la ventanilla del vagón y era como ir haciendo trizas y tirando al olvido el largo poema de la fugacidad”

                                                       Cien años de soledad, Gabriel García Márquez

No es el momento , ya hemos cambiado hasta de estacíon, tanto en fecha como en el aroma del viento (porque sí, el perfume cambia de un día a otro trayendo el otoño, el invierno). Rara vez escribo inmediatamente después de que acontezcan los hechos. Es necesario que pase el tiempo para que lo superfluo se evapore y lo esencial precipite en el fondo de la memoria; una criba de importancia sentimental.

Tenía pendiente, en la autoimpuesta lista de deberes, escribir sobre el segundo tercio veraniego.

Situación espacio-temporal: Almería, agosto 2007 

Y es que, a cuento con el fragmento, esos días aparecen ante mí como éso; imágenes instantáneas, fugaces, que, aunque inevitablemente el tiempo les coma el color, espero no caigan en el olvido, por lo menos sin dejar detrás un sabor, un olor, una ola tibia en el sentimiento.

Es difícil seguir una consecución de eventos porque ese mes, como la mayoría de ellos, estuvo lleno de momentos buenos pero aparentemente irrelevantes.

           Tarjetas postales. Imágenes instantáneas.

Zooms, panorámicas, palabras, silencios, miradas, risas, sonrisas, inventos, realidades, suspiros, sinceridades, lágrimas, deseos, sorpresas, desengaños…que posiblemente sólo tienen valor y sentido para los que los vivimos.

Muestra nº1: Sal y Agua

Aroma a sal que inunda las fosas nasales a la vez que me moja una deliciosa humedad ambiental; anuncian a mis sentidos el regreso. Desembarco del tren.

Polaroid nº1: encuentro

Escribo tumbada en mi viejita toalla. Primer contacto con la arena y el sol. Pendiente de una posible presencia. Tengo ganas de verle. Aunque no sea un perro y no tenga esa capacidad, juraría que giro las orejas al sonido de una voz familiar de “jotas” aspiradas. Levanto la cabeza sabiendo qué me voy a encontrar. Una sonrisa. Intento no mostrar al completo lo contenta que estoy de verle, no sería la primera vez que me arrepintiese de dejarme llevar por mi efusividad. Se sienta en mi viejita toalla y hablamos.

Panorámica nº1:

Tres figuras se acercan por el paseo marítimo. El sol me cierra los ojos.

Polaroid nº2:

6 besos repartidos entre 3 pares de mejillas. Presentaciones. Me hace ilusión que se acuerde de mi nombre aunque supongo que se lo habrán recordado. Me encantaría poder recordar el suyo pero las letras se me escapan. Sí me acuerdo de él, antes tenía el pelo largo.

Panorámica nº3:

Estantería frente a mí. Sentada en el sofá-cama escuchando la radio y el zumbido del frigorífico.

En la calle el vendedor ambulante de la motocicleta grita; ¡BOQUEROOUn!

Pedazos de fotografía:

Algo es extraño desde el primer momento. Otras veces nos abrazamos y sin decirnos nada sabemos que nos hemos echado de menos, que nos queremos.

Está frio y gruñón (llamemosle Godofredo) y me saluda sin interés. En los dos minutos que paso en su casa critica a la mitad de sus conocidos y me defrauda. Siempre he sabido que es una persona dificilísima pero también es de las personas más especiales que conozco, si no la más especial, o eso creía. Mi desilusión llega a su tope cuando empieza a criticar sin descanso, a alguien a quien sabe que yo quiero, sólo por su raza. Se esfuman las ganas de estar con él,  aunque me entristece dejar de verle a él y a su novia y a Alberto. Siempre se rodea de gente dulce que ceden y se callan ante él, yo lo he hecho otros años pero ya no me apetece más, sobre todo sabiendo que puedo estar tranquila y felíz con gente que me respeta.

Panorámica nº4:

Primera noche de feria con mis nuevas amistades. Incertidumbre de dónde y si los encontraré. Entre el gentío y un puesto de kebap se recorta un cara conocida que me ha atisvado, él inclina el cuerpo hacia el lado izquierdo con los brazos estirados pegados al cuerpo. Ya en la CNT; calor, focos y gotitas de sudor en la frente. (Aunque ahora me parezca inverosimil) Me siento tímida.

Polaroid nº3:

Fin de la noche. Alex me ofrece ir a pasar con ellos el día en la playa. Lo hace por educación? dulzura? Contrariamente a mi personalidad de no molestar/no incordiar me escucho a mi misma decir SÍ. Me apetece demasiado.

Polaroid nº4: Barco Vikingo

Emoción, aceleración, levitación. Coscorrón. Alex pegado al techo de la jaula, el pelo que suele acariciarle la frente, descontrolado. David “voltereteando” con su ancha camiseta revoloteando entorno suyo. A lo lejos Rosa espera sentada con los bártulos, paciente. A lo lejos.

 Repe. Repe.

Polaroid nº5:

Coche de Alex. Dos nucas y una carretera entre ambas ¿eso son pitas?

Polaroid nº6:

Cuatro cabezas flotan por encima del agua. María simula ser una bailarina acuática; está tan graciosa cuando se come el pelo…David ahoga a quien pille sin misericordia. Alex se abraza a sí mismo en el vano esfuerzo de espantar el frío. Madel busca conchas.

Polaroid nº7:

Cuerpos trenzados, sobre toallas, bajo sombrillas, entre arena, crema y nueces de macadamia.

                              Pestañas coronadas por sal.

Gravación nº1:

Un tarareo. Una mirada. Una sonrisa. Complicidad(?).

Video nº1:

Lentas carreras de velocidad, interminables, ¿no lo escuchas tú?

nanino naninoo naninoo naninoo nanara nana

 tzi tzi tzi tzi…

Muestra nº2:

mmmm….mmmármol frío de un portal.

Panorámica nº4:

Noche perfecta, brisa, temperatura…Luz plateada. Vuelvo a casa. La estación calla desierta.

Tengo ganas de explorar la mina abandonada; ayanamiento con nocturnidad y alebosía. Lástima que , extrañamente, hoy no lleve puesto el casco-linterna.

Polaroid nº8:

Desde las gradas observo la playa iluminada con focos que dibujan pequeñas dunas de sombra en la arena antes del amanecer.

El sueño me cierra los párpados y dejo que me mezan sus voces de suave acento y el chirriar de los grillos.

Polaroid nº9:

En el espigón , el de los gatos, la luz me deslumbra y se escucha el mar cortándose entre las rocas. Hace frio. Me acurruco.

El mundo es hoy una pantalla de DS.

Pienso en lo que David me recuerda a Puertas y la posiblidad de que eso sea una razón más por la que le tengo  tanto cariño. Son casi opuestos pero cuando pienso en ellos dejan en la memoria un gusto suave de notas similares. Acabo pensando mucho en Puertas .

Estudio antroplógico nº1:

David mira abajo, se queda en pausa un segundo y luego mira a los ojos, antes de despedirse.

Spot publicitario nº1:

Barbacoa de Fran. Tras ir mendigando para conseguir una brabacoa más y superar el miedo a sus vecinos, que tienen un arpón custodiando el portal; parrchís, conversaciones cruzadas, la extraña y viscosa sensación de pisar tarta de nata y chocolate. Como en un anuncio de cocacola, un grupo de jóvenes, en el que me incluyo, se riegan unos a otros con una manguera con la escusa de quitarse el pringue de la tarta que, tras la batalla, está hasta en los oídos.

Colás nº1:

Bailes imposibles en la CNT, dejándose llevar por la música. Lástima que el Dj pase de nosotros. (D)olor a coches de choque. Una niña negrita juega a espaldas de sus padres, que tejen trenzas, con la estructura de un carrito de la compra; va a ser bailarina y se asegura de reojo de que su público esté atento. Paseos de ida y vuelta a casa de Rosa. Serrat y Sabina en pantalla de estraperlo. Los gritos de tomboleros, feriantes y niños cabrones con altavoces se mezclan con olor a gofre, algodón dulce y fritanga; a la antigua usanza.

Sesión fotográfica nº1:

Inmortalizo a Antonio y Rosa repetidamente junto a mí. Chorradas incesantes con sentido sólo para nosotros.

 Polaroid nº10:

Espalda de Alex.

Polaroid nº11:

La piragua se desliza por encima del agua…hacemos un equipazo, sobre todo cuando yo no remo. Me encanta ver la playa desde lejos. Me encanta compartir la lejenía. Me siento en plan “río a bajo lo veré, lo encontraré”…una pena no tener el equilibrio de Pocahontas; los dos caemos al agua, y subir de nuevo a la barquita bailona no es mi fuerte, para qué mentir. 

Polaroid nº12:

Cena en mi humilde morada. No sé por qué la timidez aumenta ligeramente (por unos minutos) cuando entras en la casa de alguien. Rosa y Alex cocinan diligentemente y hacen el descubrimiento de que la tortilla de patata está aún más buena si se reboza en vitrocerámica, sudan la gota gorda en el metro cuadrado que quiero llamar cocina. David y yo preferimos hidratarnos…el problema es que no sé si también hidratamos un poco el móvil de Rosa. Como sobremesa; batalla cosquillil al son de cánticos de vieja llamando a las cabras que suenan en la radio.

Descubren LA puerta del frigorífico pero no saben franquearla (sonrisa autocomplaciente y un poco maliciosa).

Polaroid nº13:

Risa de Rosa,

                                                sonrie con los ojos.

Pieza final:

Llegando al final me sorprendo de la confianza que a veces se adquiere en unos pocos días; parecen más de los que en realidad fueron. Tras otra cena menos casera y otra batalla más brutal, último paseo por el paseo marítimo (válgame la redundancia). Adioses. A Alex se le sale la simpatía por los ojos, dulce. David sonríe articulando los músculos que se dignan a responder tras el último masaje facial. ¡Cuídate!

Me duele y creo que , irremediablemente,  se me nota. Un año, ahora, parece mucho.

Vuelvo hasta casa con las bromas de Rosa y Antonio. Él nos hace esperar, dice tener un detalle para nosotras que tiene que recoger. Nosotras no nos lo terminamos de creer pero finalmente aparece trayendo una bolsita. Ilusión. Sí se acordó de traernos un irlandín; un osito (que ahora cuelga en mi cuarto).

El adiós que me faltaba por decir es dicho.

Unas palabras vuelan tras él:

te quierou!!

Yo no lo suelo poner en palabras pero sí, ella tenía razón, también yo lo sentía. Y la mañana siguiente, mientras el coche se alejaba de la ciudad, imaginaba que estarían haciendo cada uno de ellos y miraba los recuerdos que había coleccionado, como postales.

Los guardaré al otro lado del frigorífico, donde nadie puede robar.

Posted by arridens, filed under where the sidewalk ends.... Date: Septiembre 28, 2007, 9:29 pm | 2 Comments »

20  Sep
imperceptible

           Se apartó de él, no sin dejar el sello de una expresión conmovedora, tan suave, tan leve, tan sumanente ligera que más bien pareció a la mente una duda.

                                                

 Don Juan; lo siento, no puedo decir cúal, lo extraje del Rojo y el Negro

Posted by arridens, filed under Climas. Date: Septiembre 20, 2007, 5:02 pm | No Comments »

Sí, es cierto. Tengo una bestialidad de faltas de ortografía. Me gustaría decir que son erratas, despistes por mirar al teclado…peero no sería cierto. Realmente soy así de burra. A veces me gusta protegerme diciendo que se debe a que pasé unos años cruciales para el correcto aprendizaje del lenguaje en un país extranjero y que cuando regresé no me acordaba ni de escribir el español…peero esta hipótesis tampoco ha sido muy contrastada. La verdad es que yo como la gran mayoría de mi familia por parte de padre, por mucho que leamos y nos aprendamos normas de memoria, no tenemos remedio, ni perdón de la RAE. Por eso, queridos lectores, les pido que intenten amarme a pesar de los pesares.

( Pd para SW;  Comic Sans para llevar mi decrepitud al extremo…así no creo que te pueda sorprender mucho más negativamente)

Posted by arridens, filed under Uncategorized. Date: Septiembre 15, 2007, 9:47 pm | 2 Comments »

14  Sep
El gorrión

comunion.jpg

No entiendo muy bien el criterio que tiene nuestra memoria de seleccionar recuerdos. Hay momentos de mi infancia, tal vez no tan remota, que se mantienen perfectamente frescos y que, sin embargo, objetivamente, resultan perfectamente                                   estúpidos.

Esta mañana, mientras me perdía por las calles de Madrid, he hecho una de esas frecuentes aunque extrañas conexiones de ideas y me he acordado del gorrión. Probablemente sea uno de los episodios de mi vida que más veces he rebobinado y puesto en “PLAY” y aún me sigo planteando si no supuso un trauma grave para mí. Por eso, desde este momento, aviso a los lectores más sensibles que dejen su lectura AQUÍ. No me gustaría ir aumentando la población trastornadilla que diambula por nuestro mundo, que ya es bastante.

El día G (de gorrión, se entiende), era el día en el que a mis papis, a mi hermana y a mí nos iban a hacer las fotos de la comunión de mi hermana. Las hicimos un día distinto al de la  celebración porque el fotógrafo (un artista en toda regla; pintor, gay y amigo de mis padres desde mucho antes de la Movida) no pudo ir a ésta. También pululan por ahí fotos del verdadero evento pero en la mayoría aparece alguien decapitado al haber sido tomada la foto por alguna abuela temeraria manipulando la cámara; en la que todo el mundo sale con ojos rojos (cobaya) y/o incándole el diente a una gamba o una pata de cordero. Por consecuente se procuran mantener ocultas velando por la integridad y el bien de la humanidad.

El caso es que dicho día, el día G, mi hermana y yo bajamos, como era habitual, a comprar el pan antes de ir a ponernos los vestidillos de coliflor. Me acuerdo de cada detalle; yo llevaba puesto una camiseta de color yogur de fresa, de cuello vuelto y mangas muy largas (que no sé por qué razón me recordaban a Enrique Iglesias), casi me llega el olor a gasolina del garaje que pasamos al doblar la esquina. Justo en frente lo vi por primera vez.

Era un gorrión esmirriado que no volaba y apenas podía dar esos saltitos tan curiosos que dan. Yo llegué a la conclusión de que era un poyuelo caído del nido y mi ¡oh! cándido corazoncito infantil, sensibilizado por una madre bióloga, los documentales de la 2 y Disney se apresuró al rescate de semejante ser indefenso. Lo cogí entre mis manos enfundadas en las mangas kilométricas con toda la delicadeza de la que era capaz.

Emprendí el corto camino de vuelta a casa teniendo cuidado de no aplastar al ave. El animalillo temblaba entre mis manos sin comprender a dónde le transportaba semejante grandusa, sin poder imaginarse la cantitad de cuidados y cariño que yo le iba a dar. O tal vez lo sabiéndolo demasiado bien.

La curiosidad por saber cómo iba mi amigo hizo que yo abriese por un segundo una ranura entre mis dedos. En ese instante el gorrión, impulsado por el sentimiento de libertad, reunió todas sus fuerzas y saltó. A la calzada. En el lugar exacto por donde pasó la rueda delantera izquierda del coche que exactamente en ese momento tomaba la curva.

Los hechos dramáticos se desarrollaron irónicamente deprisa delante mío;

                                           crik, pin, ¡CHOF!

Si esto fuese una película congelaría la imagen ahí. Una niña de 7 años paralizada en la esquina entre la Calle del Ángel y del Águila tras el veloz y destructor paso del automóvil. Tal vez pondría el efecto ese que hace que la cámara gire y parece que el personaje está callendo.

Yo no sabía cómo reacccionar. Sólo pasaba por mi mente el sonido que hicieron aquellos huesecillos…ahora que lo pienso fue más un CRUNCH que un CHOF. Sip.

                                 Crik(apertura de dedos), pin (salto hacia la libertad)

                                                              !CRUNCH! 

Como era de esperar llegué a casa para la sesión de fotos en un mar de lágrimas y aunque consiguieron hacerme parar de llorar, podeis ser testigos vosotros mismos de la cara de mala leche que se me quedó.  El mundo un lugar hostil ser.

Posted by arridens, filed under where the sidewalk ends.... Date: Septiembre 14, 2007, 5:38 pm | No Comments »

13  Sep
metropolitano

No soy rara. Yo lo llamaría ser impulsiva…no reflexiono sobre lo que voy a hacer, sólo actúo, me dejo llevar por los impulsos. Sí, es eso. Hay bastante gente que critica mis actos pero creo que lo hace sobre todo por frustación; ellos también desean ser lo suficientemente valientes para ser espontaneos, fieles a sus instintos.

Me gusta ser rara. Me encanta descolocar, ver como les cambia la cara al quedarse en blanco y como sufren por un instante sin saber como reaccionar. A veces su desconcierto es casi imperceptible pero intuitivamente soy capaz de captar una pequeña dilatación de las pupilas, un tic en la mejilla, la tensión en el maxilar…en esos momentos se me alargan los ojos, toda la cara, como un gato al que se le hace ronronear.

Supongo que tú tampoco habrías comprendido mi comportamiento. Por eso me vi forzada a ir cinco metros detrás de ti, escondida por la multitud. Pero eres tú el único culpable por lo que me he visto obligada a esto.

Yo quería una peli, sólo eso. Sin embargo te empeñaste en buscar mi mirada, la sostenías, la absorbías mientras me pedías los datos necesarios para el alquiler. El primer día no pasó a ser más que una anécdota pero con el tiempo esa mirada me minó hasta convertirse en una obsesión. Sólo veía, pensaba, pintaba ojos negros descarados. Bajé al videoclub compulsivamente sacando más películas de las que me daba tiempo a ver. No me bastaba ya con eso. Aunque no lo demostrases debías sentirlo tú también.

Aquel día me vi obligada. Debía saber dónde vivías.¿Imagínate que cambiases de empleo? ¿Dónde podría encontrarte? Además era necesario asegurarme de quién era esa chica que te acompañaba.

¿Qué querías que hiciese? Cerraste el videoclub a las 23:07, emprendiendo el camino, que ya sospechaba, hasta el metro. Te seguía de cerca, a veces casi imprudente. Pronto me di cuenta que mi abrigo blanco era poco discreto pero algo que no entendía de cautelas me arrastraba, me obligaba a continuar. Fui consciente de que  mi expresión delataba un ansia animal porque las personas que pasaban a mi lado apretaban o disminuían el paso, algo asustadas, para alejarse de mi…Intenté moderar mi mirada desorbitada y me introduje en un vagón contiguo al tuyo. Vijilaría a través de la ventana tu descenso. El tren arrancó y las estaciones empezaron a sucederse. Yo esperaba paciente en el asiento de la esquina.

 Dependiendo de la parada el número de pasajeros que subían o bajaban variaba. En algunas el ambiente se hacía sofocante y tenía dificultad en atisbar lo que pasaba al otro lado del cristal. Entonces me enervaba, me revolvía de rabia e inquietud en mi asiento propinado a aquel sentado a mi lado algún  codazo descontrolado pero yo me mantenía impasible a las miradas de desaprobación y los chasquidos de lengua por digusto que me dirigían.

El tren seguía su curso…

                             ….proxima estación…”El capricho”

                                            cuidado con intrucir el pie entre coche y andén…

             ….correspondencia con linea 7

Empecé a imquietarme; las paradas se deslizaban ante mi, los minutos pasaban y el vagón quedó desierto. Lo único que acompañaba mis pensamientos era el inagotable chirriar de las ruedas metálicas contra las vías y el resoplar de los frenos en cada parada. Parada en la que yo tensaba todos los músculos preparada para avalanzarme sobre el andén si te veía en él.

Pero nunca llegaba el momento. ¿Te habrías escapado en algún instante de despiste? Me torturaba esa posibilidad. Consideré abandonar la persecución pero aún quedaba en mi una pequeña luz de esperanza que me ataba al asiento plástico.

Pasó la media noche. Me sorprendía la longitud de la linea de metro. ¿Tantas ampliaciones habían hecho? Decidí consultar un plano; leí, releí, tracé con el dedo el recorrido que terminaba en seco, como un riachuelo que se agota en sal, sin incluir las estaciones que ahora recorría mi vehículo. No podía comprender, me costaba asimilar cualquier tipo de información, la realidad tenía brillo de ciencia ficción.

Derrepente pareció acabarse el trayecto, descoyuntadas las puertas se abrieron…perdida, tambaleante bacilé sobre si descender. Todo me era extraño. Metálico. Mecánico.

Di un paso fuera del tren como si fuera el primero de mi vida.Todo era perceptible; cómo se estiraban y contraían los ligamentos de mi pie, el crujir de mis huesos al tomar contacto con el suelo y el peso. El peso de todo mi cuerpo que embutía la carne del talón contra el cuero de la zapatilla.

” ¡Usted, señorita! Vuelva al tren inmediatamente si no quiere quedarse. Éste es el último que saldrá de aquí.”

El hombre del uniforme oscuro agitaba los brazos para darme a entender su orden y como una niña pequeña a la que se pilla en una travesura me escurrí, diminuta, como una lagartija, de vuelta a mi asiento angular.

El esqueleto de metal resopló una vez más y las puertas impactaron una contra otra, cerradas.

Fue en ese instante cuando comencé a sentir frio. La obsesión y el calor de la pasión quedaban muy lejos, substituidos por un sentimiento de creciente incertidumbre heladora que ahora me atrevo a denominar pavor. Mis sentidos quedaron entumecidos, mis extremidades colgaban  entorno a mí ajenas al resto del cuerpo (inconexas) como enormes y pesados trapos mojados, inertes.

Una presión me empujaba los hombros contrayéndome y dotando a mi espalda de una deforme joroba que hacía el respaldo insufrible.

Empezó a atormentarme un ruido que me martilleaba las sienes hundiéndolas hacia el interior del craneo como si un repugnante duende de uñas infinitas y astilladas tuviese como pasatiempo empurjarlas a la cavidad donde ahora dudaba estuviese mi cerebro. La grotesca criatura era invisible pero una pestilencia desvelaba su presencia.

Tardé varios minutos en darme cuenta que era mi corazón el compositor de la sinfonía que hacía insufrible mi existencia. Los pies, dilatados, también palpitaban al son del mis ritmo.

En algún momento durante mi delirio fui consciente de la presencia de nuevos pasajeros que ocupaban asientos salteados a lo largo del vagón. Los veía indefinidos; manchas difuminadas de colores salpicados en el fondo de una fotografía borrosa. Entre esa niebla se recortó ante mí la silueta de una mujer que me daba parcialmente la espalda.

Vestía un vestido irregular, demasiado largo por una esquina, excesivamente corto por la otra. Un vestido púrpura y negro, de licra, que se ajustaba a su cuerpo marcando a la vez huesos salientes y cúmulos de grasa apretados por la goma de la ropa interior. Bajo los pies, dos vastas plataformas rojas la mantenían separada del suelo que cosquilleaba el bolso que había dejado colgando, balanceándose con el movimiento del tren, de la punta de sus dedos. Apenas lo sujetaba dando la impresión de que caería de un momento a otro. La mujer había dejado de cortarse las uñas hace tiempo y ahora comenzaban a curvarse, descuidadas, como garras de ave de rapiña. Toda ella desprendía un recuerdo de pajarraco; el chal deformado sobre sus hombros; la curvatura de su espalda; su piel amarillenta, gruesa y rugosa, ahumada por tabaco negro; su aspera y voluminosa cabellera rubia de raíces negras y canas…plumas tricolores erizadas.

Se sintió observada porque con un movimiento brusco, como una lechuza, giró toda su cabeza hacia mí. Su mirada voló por encima de mí sin verme. Su tez se asemejaba a un pergamino al que se ha doblado demasiadas veces, gris, amarillo, ajado, olvidado. La frente se derrumbaba por encima de dos finísimas cejas garabateadas al igual que los labios que, inexistentes, habían sido dibujados irregulares con carmín donde debían encontrarse.

Como una premonición vi contraerse los músculos de su pómulo derecho y esta vez mis ojos atemorizados sí encontraron los suyos. Unos ojos sin pupila, opacos, manchados por chispas de sangre, con párpados púrpura igual que el pellejo que, bajo ellos, quedaba colgando flácido como si hubiese sido añadido al rostro con posterioridad, travistiéndolo.

No sé si fue la dureza de su mirada que generó una tesión casi palpable entre las dos; algo me impactó en la cabeza girándola bruscamente, haciendo crujir cada una de las vertebras del cuello. Con un chasquido final mi cabeza se detuvo sacudida sólo para encontrarse cara a cara con otro viajante aún más tétrico. Mantuvimos contacto visual durante apenas un segundo pero su cara quedó gravada en mi retina y me atormentaba dibujandose ante mí cada vez que cerraba los ojos.

Un rostro desembocado en una enorme papada de cortinas de grasa superpuestas que descolgadas cubrían un vasto cuello; cuyas mejillas parecían derretirse sobre el resto de los rasgos. Éstos apenas rellenaban la cara; una diminuta nariz de amplios orificios, unos ojos hundidos, como canicas incrustadas, que no paraban de temblequear , inquisidores intentando percibir todo sin llegar a captar nada fuera de la esfera que delimitaba entorno a si con su vista. Invisible.

Todo él brillaba bañado por un sudor espeso como mucosa de sapo que desprendía el aroma amargo de orín y alcohol. Unas enormes orejas rojas de lóbulos colgantes y mechones grasosos enmarcaban el cuadro de su estampa.

Un nuevo golpazo mandó mi cabeza hacia el sentido opuesto donde otra criatura acechaba. Un perfil de estatua inacabada, sin frente, descascarillada, con la huella de los dedos de su creador aún impresos encima de nariz y labios, asfixiándola. Entonces la boca se entreabrió con un movimiento arcilloso y un líquido verde salió de ella chorreando en la barbilla, surcando la cerámica a su paso.

El siguiente zarandeo no me sorprendió y conseguí frenar mi cabeza, jadeando, inflando y desinflando todo el torso al respirar, fijando mi vista en un charco de líquido viscoso naranja fosforito que inundaba el suelo neumático.

Bien por el movimiento del vagón o por voluntad propia, ocho finos reguerillos nacieron  del charco. Increiblemente finos, como hilos, se separaron del suelo arqueados, unidos entre si por una burbuja del mismo líquido que comenzó a elevarse a su vez, soportando su peso en aquellas fibrillas, formando un gran arácnido de cuerpo coloide que se desmembraba en goterones viscosos, naranjas que sembraban  un camino a su paso.

La araña comenzó a desplazarse con movimientos quebrados. Cada articulación una tuerca. Supe que ésto avecinaba antes de que ocurriese; el viscoso ser estiró sus largas patas y con la misma facilidad que caminaba por el suelo lo hizo por la barra y los asientos contiguos al mio…nunca parando su trayectoria, nunca desviándose… hasta que sentí su caricia en mi nuca , hombro, pecho, mejilla y la humedad y el peso de las gotas desprendidas intermitentemente sobre mí. Permanecí paralizada con la esperanza de que el animal siguiese su curso pero aún ahora lo noto moverse en torno a mí, mientras llevo un tiempo inestimable manteniendo fija mi vista en los restos del charco fosforito, con miedo a cruzar la mirada con otro ser o incluso conmigo misma al verme reflejada en el cristal rallado por las llaves de personas que me habrían atemorizado… en otra época.

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Septiembre 13, 2007, 9:23 pm | No Comments »

07  Sep
Deserved

I´ve hurt hearts.

Not even a month ago I wounded one.

…so, why should I be rewarded

                       with what my heart most desires?

why should I be given what I deny others?

I know this, I realise my selfish sadness

             and yet, reason and objetivity seem too weak to change me.

I cuddle in the darkness.

Posted by arridens, filed under Climas. Date: Septiembre 7, 2007, 5:21 pm | 1 Comment »

05  Sep
improvisación

Comienzo leyendo por casualidad, ojeando sin demora, esperando a que las palabras salten hacia mi en vez de ir yo en su busca.

Pero según avanzo arrastro mi vista por los renglones, mi ritmo se ralentiza, las palabras se fortalecen y como pesados golpes de herrero hacen retumbar algo que debe ser el alma. Un temblor se apodera de mis manos que como las de un junki ( aún siendo víctimas de distintas vidas, de distintos vicios) desean. Desean más. Desean todo en un segundo.

Necesito. Necesito leer, escribir, anhelo el sufrimiento placentero de querer conocer el final al principio y a pesar de ello me detengo en cada palabra, alargando la espera, haciendo el dolor más agudo.

Debo intentar que mis temblorosas manos logren escribir al menos un mal párrafo pero  sólo consiguen garabatear palabras locas, sueltas, salvajes, sin sentido.

Me falta pausa, pausa y silencio en la mente para redactar algo decente. La inspiración nunca trae lo uno ni lo otro, es un fogonazo turbio, efímero y fugaz. En un instante llega y se va dejando, con suerte, una idea entre sombras.

Lentamente, a pesar de continuar exaltada, los impulsos se suavizan y pienso de forma más coherente, me resisto a dejarme llevar.

Me es imposible separar el lápiz del papel. Solamente puedo continuar, continuar avanzando, avanzando, avanzando…

Posted by arridens, filed under Suelo Soñar. Date: Septiembre 5, 2007, 8:05 pm | No Comments »