
Rescato otro texto de París. Perdonad el estilo, estaba con casi cuarenta de fiebre y sólo podía visualizar a Fátima (amiga que vive ahí) como una perfecta enfermera entrando en mi habitación con un gran bote de aspirinas para salvarme

” ¡Cómo no! Tuve que volver a París; y ahí estoy. Llegué el día ocho y me quedo hasta el día 4, a ver si voy pillando definitivamente esta lengua.
El viaje aunque técnicamente duró un par de horas, ocupó mucho más tiempo desde mi perspectiva. El avión despegaba a las 5:30 a.m asique mi hermana que viajaba a Amsterdam, y yo decidimos no dormir ; “total por un par de horas…”
La noche se pasó rápido entre maletas, depilaciones, mensajes y recados de última hora. Llamamos a un taxi. Desde el primer momento me pareció que el conductor encajaba perfectamente en la definición de parlanchín sacacuartos.
-”A la T2″
-”¿Seguro?? Yo creo que va a ser en la T4 lo que supondría 15 euros más para mi saca”
-”No, no. Déjenos aquí, en la T2″
…pero cuando nos bajamos nos dimos cuenta de que el cabrón tenía razón, era en la T4…bueno, al menos MI vuelo. En ese momento empezó realmente mi viaje; cogiendo sola un taxi hacia la T4, después de despedirme de mi hermana y su novio, sola ante el peligro. La parejilla me dio un paquete de galletas chiquilín y una chocolatina. No era consciente de ello pero sería mi “kit” de subsistencia para las próximas 24 horas.
Nerviosa, casi me subo al taxi antes de dejar bajar a sus ocupantes vociferando “¡A LA T4, A LA T4!!!” Por fin dentro del vehículo, un último adiós con la mano a mi hermana. Soon we were speeding along the highway/(lo siento, me pegaba más en inglés) Pronto estábamos acelerando por las oscuras autopistas de las afueras de Madrid que aunque estuvieran a 30 grados parecían hechas de hielo y relucían, azules.
Sentí miedo. Incertidumbre. Emoción. Me gustó la sensación; una descarga de adrenalina sin caida, sin susto. ¿o tal vez sí? ¿estaba asustada de tener que fiarme de mí misma? ¡PuM! ¡Ya está! Si fallo yo falla todo. Y yo tengo una reputación, bien asentada, de desastre y despistada…
Intenté agudizar todos mis sentidos mientras una pregunta incesante me martilleaba el cerebro: ¿Qué se me estará olvidando?
La T4 parecía /the landscape of another world/(tranquis, ya no lo hago más)el escenario para una película de cienciaficción con un día creado a base de luces de neón. Dos criaturas borrachas, no supe determinar si de alcohol o de sueño, dormían enroscadas en el suelo de la terminal.
Papeles. Facturación. Espera. Embarque. No puedo contar nada del vuelo porque no tengo consciencia de nada de él…sólo del dolor de cuello al despertar con el aterrizaje.
Estaba muy contenta conmigo misma; todo se desarrollo sin problemas…pin, pan, pun…sacar abono, 3 transbordos, calle Tolbiac…
Durante el trayecto no paraba de encontrarme con tres chicos españoles. Eran claramente estudiantes de ingeniería en Erasmus o beca parecida(como pude confirmar más tarde poniendo la antena a su conversación). Se les notaba las horas de estudio en el cuerpo, en le ropa, en los comentarios. Me pareció curioso reconocerles tan fácilmente y me pregunté si a mí también se me notaba tanto; me refroté la cara en busca de un post-it que declarase mi procedencia. Para éso y para intentar despertarme. El sueño era superior a mí. Los párpados se empeñaban en bajarse. Lo intenté todo: música cañera, estar de pie, agitar la cabeza…”Olalá! Debe estag poseidá!!”, pensaría más de un francés en el metro. A mí, personalmente, me hace mucha gracia la gente que está apunto de dormirse, cómo cierran los párpados y los abren deprisa como asustados intentando evitar lo inevitable…zzzz.

Llegué a la residencia y después de una advertencia de blabla bblaaa..no prostitución, no alcoholismo…me dieron la llave y pude dormirrr.
Desperté “getlagada”. Sí, ya lo sé, Francia y España tienen la misma franja horaria pero éso es lo que me pasaba. Sería el no dormir, el cambio de luz o de temperatura pero era incapaz de distinguir si era tarde o pronto, noche o día. A las 22h no aguantaba más encerrada en mi cubículo y me puse a andar como una posesa por todo París, sumergido en sombras.
Me encanta caminar sola y esa noche lo hice sin rumbo eligiendo las calles según lo bonitas que eran y llegando sin querer a monumentos. En algún momento, por alguna calle solitaria, recordé un texto que describía una pesadilla en callejones de un París nocturno, un personaje que sin causa aparente se inquieta y dejandose llevar por su imaginación llega a aterrorizarse…de pensarlo a mi también me empezó a entrar miedo y apreté el paso.
Me dieron las 12 llegando hasta Notre Dame… Vi a un chico sentado en el respaldo de un banco, solo, mirando al río con gesto meláncólico y tuve ganas de hablar con él aunque fuese para comentar con alguien la noche perfecta que hacía. Me aguanté. No me sentía sola, tal vez algo nostálgica pero no me desagradaba la sensación, me sentía llena de emoción…aún así evité las calles del barrio latino que bullían con grupos carcajeando; es entre la multitud donde uno se puede llegar a sentir más solo.
Dormí de un tirón.

(sí, me vendieron un paraguas permeable…pero permeable permeable, ni intentaba disimularlo. “Asegurado!!Cala desde la primera gota!!”)
Ahora estoy malita. No sé si habrá sido haber afrontado el frío con ropa de verano, la lluvia llevando lo que mi padre denomina pantalones balleta o la bajada de defensas por alimentarme todo un día a base de chiquilín …el caso es que me he despertado hecha una mierda. Sólo he conseguido salir para comprar aspirinas y una taza para poder hacer té. Me estoy planteando pedir otra manta.
Mi barrio es curioso, bastante tranquilo, pero me llaman la atención algunas cosas. Lo primero destacar la cantidad de peluquerías que hay por todo París; al menos un hijo de cada familia debe ser reclutado para ejercer esta profesión y todo parisino debe cortarse el pelo una vez al mes, como mínimo, para poder mantener a todos estos peluqueros activos. A su vez un hijo de cada dos familias debe dedicarse a la floristería o en su defecto a la panadería y por consiguiente todo parisino debe regalar o adquirir flores dos veces al mes y comprar croissants 3 veces por semana aunque no los ingiera, debido a la obligación de mantener no sólo el espíritu, sino también la linea parisina.
Realmente las francesas deben ser las mujeres más elegantes de Europa y posiblemente las más “educadas”… llegando a la exageración porque aunque sea en un tono glacial siempre saludan al salir y al entrar de cualquier sitio. Tanto es así que me da apuro salir y entrar muchas veces seguidas de la residencia para hacer recados cortos porque tengo que saludar más de 5 veces al conserje en menos de 10 minutos.
Luego están los maravillosos iraquíes…el equivalente de los chinos en Madrid; abiertos todos días a cualquier hora, para vender cualquier cosa…eso sí, un poco caros…pero ainss son tan éncantadores.
Tampoco son escasas las casas de manicura pero no quiero resaltar todas en general sino particularmente la que está al lado de mi residencia. A mi padre la encantaría, es única. Es enorme y una de sus paredes es toda de cristal permitiéndote ver cada detalle de la estancia. La llevan unos orientales y las niñas chinitas siempre andan correteando por entre los sillones de pedicura, las limas y los seca-uñas o se sientan a mirar a los transeúntes como si estuviéramos en una pecera, como yo las veo a ellas.
Ayer tenían una celebración y colocaron varias mesas, una a continuación de la otra, repletas de comida asiática desembuelta de su revestimiento de albal. Los orientales reían y hablaban, de pie, en torno al festín, comiendo de platos de plástico con palillos de madera.
Yo los observaba mientras hablaba en la cabina telefónica. Aún hoy revoloteaban globos en el negocio…”
11/07/07
París, Foyer Tolbiac, chambre 402