Yo lo intento. De verdad que me esfuerzo. No me gusta hablar mal de nadie pero llega un momento en la vida en el que se te pone a prueba. Y esta tipa es mi odisea. Además de llevarse la palma de estupidez insoportable, tiene una destreza sorprendente para sacarme de mis casillas…déjame , pues, que me desahogue un poco que, digo yo, será mejor que mate a alguien por escrito que con los hechos.

 

Una persona se define por sus palabras, actos y valores; no la salva ni lo primero ni lo segundo y la desprecio aún más por sus valores tan poco “valorables”. Sí, lo admito, también soy prejuiciosa y algo extremista con lo que considero que es correcto e interesante y lo que no. Así amo, desecho o ignoro.

 

A menudo su mirada pierde profundidad cuando la hablo o sus ojos se pierden en otra dirección como buscando algo más, algo mejor; no escucha… aunque tampoco es de extrañar porque, al fin y al cabo, sólo parece moverse por impulsos de “atracción”, de “misterio” o “rareza”, hablar con este y con aquel, quedar bien (y mejor) ante todos.

 No está plenamente feliz hasta que se siente en un sitio privilegiado…mírala yendo de mesa en mesa, colibreando por la cafetería…

 

                                       …teatro…teatro…teatro…

 

Vive en una (ir)realidad de excesos en vez de apreciar lo que tiene a su lado. Se mueve a merced del capricho en vez de por deber o moral. Sólo tiene por real lo que es fruto de su imaginación. Artificio.

 

Defiende grandes ideales, denuncia la vida asentada y la falta de vocación, aspira a mucho, se visualiza en camino hacia un gran destino…y no se aleja de la convención.

 

                                  …a fraud…afraid…of Freud?

 

Y como verás debería, debería aprender a vivir con una persona así en el mundo, pero es demasiado, demasiado la manía esta de ir siempre pegada a mi, hasta dentro de mi camisa, incluso actuando con mi cuerpo y viendo a través de mis ojos…

 

 

 

 

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Enero 23, 2009, 1:18 pm | No Comments »

16  May
Esencia

No le echaba de menos por las mañanas. Ahora era libre de quedarse con toda la manta, dar vueltas de un extremo a otro de la cama y levantarse, al fin, como y cuando ella quería.

Le encantaban las mañanas; constituían para ella una de esas fascinaciones que persiguen a uno desde niño. Abrir una rendija entre los párpados con la primera luz del día que se colaba en el cuarto difuminada a través de las cortinas…y seguir jugando unas horas con el sueño y el despertar. El leve canto de las golondrinas ¿o eran vencejos? cazando insectos. “Una cruel danza de vuelos que tejen muertes crujientes al ritmo de picos inclementes.”Habían sido las palabras de él para describirlo; siempre le habían inquietado las leyes de la naturaleza; en especial los insectos y su resistencia a morir; podías aplastar una hormiga y largos minutos después encontrabas alguna pata luchando por seguir su camino.

“Me fascina tu simplicidad de percibir las cosas, las captas en sí y no buscas más allá. Es un misterio para  mí tu forma de entender el mundo y me atrapa”. A ella le enamoró la profundidad con la que le dirigió la palabra, el constante enigma que rezumaba y su olor. Aquel aroma cuyas notas que le asaltaban a la  memoria; espliego envolvente, resina de tabaco de pipa, té agrio y una gota amarga de su propio sudor. A veces se sorprendía sumergiendo la nariz en la almohada, las sábanas; se veía a si misma como un perro de presa matao de hambre, un pellejo cubriendo huesos, que rastrea la maleza en busca de una presa que cure el ansia, una famélica de su aroma. Aquella esencia fue lo último que quedó de él en la casa tras el portazo.

Ni una sola llamada más, ni un mensaje prolongó su presencia en la vida de ella. Ni tan siquiera una contestación al último correo. Tal vez fuera mejor así, se dijo. Era para bien, se dijo. Ya está, se dijo. Suspiró.

Había terminado de encajar el último mechón de pelo en el moño, un toque de brillo en los labios…y a la calle.

Un día agradable. El metro atestado. Se escudó tras un libro y subió el volumen de los cascos; sonaba una de esas canciones que él le había presentado, de sonidos abstractos, profundos, espesos, ponzoñosos de voces femeninas rasgadas que ella siempre había considerado lloronas pero que había terminado por apreciar. Él y sus gustos de artista hastiado, él y su ambigüedad, él y aquella irritante manía de pasarse la yema de los dedos sobre los labios una y otra vez, como en continua duda, inquietud, soñando ( ¿ )despierto (?).

Se dibujó por encima del límite de la página que leía la mirada de un extraño. La apreciaba sin definición, pero fija,  vaciló sobre si enfocar el campo de visión un par de centímetros más arriba y coincidir con ella. Se decidió y por un segundo parpadeó, y ofreció su mirada al extraño; sus ojos se buscaron, chocaron y esquivaron. De vuelta al libro-el punto y aparte perdido-la redibujaba…intensa, profunda, cobriza.

Una multitud entró a tropel y la arrastró(¿se arrastró?), la empujó (¿se empujó?) hacia él; no cesaba su mirada estática sobre el libro. Y le sintió cerca, tras ella.

Ella le miró por el rabillo del ojo; se dibujó el perfil de su mandíbula, ofreciendo su cuello y anticipando el principio de sus hombros. Y a escasos centímetros de separación llegaron a ella oleadas de calor y aroma del cuerpo cercano; su pituitaria experimentada cazó al vuelo una esencia que a la vez la atrapó y  desencadenó  algún oculto instinto; fallándole las fuerzas en las piernas.

 

Y tal vez fuera por eso  o por su incorregible naturaleza impulsiva pero el hecho es que cuando él le puso la mano en la cintura y la atrajo hacia si para que le acompañara…bajó del vagón y le siguió.

***

Despertó, despejada, de un sueño ligero, entre almohadas ajenas de una cama extraña. Las sábanas eran “brillantemente” blancas, como recién estrenadas, conservaban pliegues perfectamente simétricos y ese olor impersonal, algo plástico, no como el del resto del apartamento. Apenas había tenido ocasión de ver más que el dormitorio, era simple, geométrico, impecablemente limpio…y sin embargo aquel olor que no conseguía identificar; más seco que el jazmín pero igual de embriagador. 

Rodó sobre si misma y volvió a relajarse abrazando un cojín de plumón, se sumió en un letargo escuchando el agua de la ducha que empezaba a correr.

*

Desde la puerta entornada del baño la vio girar sobre si misma con intención de seguir descansando; su espalda quedó al descubierto, atravesada por el dibujo serpenteante de la espina dorsal. Estaba tranquila; no sospechaba. Realmente no tenía nada por lo que preocuparse; era un experto, y una vez más había hecho un buen trabajo.

 Había supuesto horas de esfuerzo que le habían costado sudor, uñas y piel; pero ahora no quedaba ni una sola partícula delatora. La casa era un ejemplo de pulcritud…salvo por ese olor.

No lograba quitárselo de encima y parecía fermentar con las horas, volviéndose dulzón y pegajoso. Le repugnaba, le revolvía por dentro. Le hacía sentir aún entorno suyo al jodido bohemio fuma-pipas que se había aferrado a la vida cuando ya le correspondía estar remuerto; ofreciendo resistencia hasta el último instante antes de caer tendido como un pesado muñeco desvencijado, una piñata rota escupiendo sangre  a borbotones que él dejó fluir sobre si mismo.

*

Hacía mucho tiempo que no se sentía tan a gusto, tan tranquila, había algo en el ambiente que le hacía sentir en casa. La envolvía y la calmaba … y como una creciente voz al principio imperceptible, como una alarma que va cogiendo fuerza…algo en su mente se fue formulando; una conexión repentina entre sentido y senbilidad, y la identificación de una esencia; tallaron terror en sus ojos y la dejaron en suspenso…

Una mano fornida se posó sobre su clavícula.

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Mayo 16, 2008, 2:50 pm | 1 Comment »

27  Mar
El replicante

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…, atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.

Todos esos momentos… se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia

Es hora de morir.”

Rutger Hauer, Blade Runner

 

…. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?                                             [K. Dick]

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Marzo 27, 2008, 3:53 pm | No Comments »

Me llamo Amanda Marinas y he tenido una recaída.             ¿Mi adicción?       Los sueños.

neuronas

Al principio llegan como un mazazo sobre la cabeza, no te enteras cómo vienen ni de lo que pasa por  varias horas. El peso del edredón te aplasta y te atrapa y te excusas en su poder para dejarte llevar por los sueños que se suceden, se trenzan, se entrelazan. Pasas de uno a otro como Tarzán de liana en liana. Poco a poco fluyen hacia aguas más tranquilas en las que se diluyen colores y retomas cierto control; dibujas siluetas. A menudo recuperas tu cuerpo; en ocasiones con poderes sobrenaturales que te permiten estar por encima del tiempo, del espacio, de las dimensiones y escapar de todo límite y concepto preconcebido. Long gone  Personajes que han desaparecido de tu vida vuelven como si nunca se hubiesen ausentado, recuerdos que creías perdidos en el universo infinito e intangible del olvido van llegando a ti, si tiras del cabo que los enlaza.

Escuchas un ruido de tela rasgada, un filo atraviesa el cielo del plató de tu sueño, avanza rasga rasga. Un roto en una tienda india por el que entra un viento gélido, temes asomarte ¿para qué querer una mirilla hacia la realidad por la que mirar agazapado con un ojo cerrado y otro abierto?

                    Cold. Breeze keeps getting in; cloth flaps flap flap …flat against the sheets.Tuck yourself in.

Por el roto que te devolvería al despertar ves pasar a tu madre y pataleas en sentido contrario, nadas a braza, a mariposa si hace falta, para alejarte, hundirte de nuevo en este dulce abandono.

Te aferras a la neurona más cercana y subes a pulso, trepas por las dendritas, el axon, el botón sináptico… no paras hasta asegurarte de que te has vuelto a perder en los entresijos de tu subconsciente. Este fantástico bochinche de electricidad y posibilidades. Imágenes ondean como vistas a través de una película de agua; caras borrosas con identidad exacta.

Reúnete conmigo en el hemisferio menos cuerdo; nos sentaremos sobre el lóbulo parietal, dejando los pies colgando y balancearán a contratiempo. Para malabares nos bastará con mis neurotransmisores.

Por encima de nuestras cabezas la bóveda del cráneo, bañada por un mar volátil de líquido encéfalo raquídeo, es un acuario sin peces que brilla plateado como escamas de sardina al reflejar la electricidad de los impulsos nerviosos.

Sobre nosotros, olas destellan plateadas como escamas de sardina reflejando la luz de los impulsos nerviosos… que hacen bailar mis ojos.

Posted by arridens, filed under Suelo Soñar, ficción?. Date: Marzo 8, 2008, 11:51 am | No Comments »

10  Dic
Let´s pretend

” I have an idea. Why don´t we have a little game? Let´s pretend that we´re human beings, and that we´re actually alive.  Just for a while.      What do you say?

Let´s pretend we´re human.”

Look Back in Anger, John Osborne

Posted by arridens, filed under Suelo Soñar, ficción?. Date: Diciembre 10, 2007, 7:51 pm | No Comments »

Tan sólo hace unos 20 años solían filmarse películas aquí; las paredes, el suelo, los bancos y las mesas eran todos de madera, destilaban aroma a antiguo (que no a viejo), macerados por el paso de genios cuyas palabras habían quedado flotando en el ambiente e incluso alguna permanecía gravada en la esquina de una mesa por una cuchilla rebelde.

Hoy el suelo y las paredes son de baldosa, las mesas y sillas de plástico que ya, tan pronto, empieza a agrietarse. Los estudiantes son los mismos aunque con distintas caras, sorben café mientras hablan del fin de semana como antaño. En la barra se exponen los croissants y las palmeras de chocolate. Y un tumulto de jóvenes (y otros no tanto) se agolpan intentando hacer sus pedidos…¡Café para llevar!¡desca!¡sandwich mixto!…Y los camareros, también los mismos de siempre, los que vieron cómo les arrebataban su cafetería de ebanista, reparten ágilmente a diestro y siniestro su vaso, su bollo, su azucarillo de más…

Despierto de mi ensueño e intento concentrarme en lo que ocurre en mi mesa. Debo llevar varios minutos ausente, escuchando solamente el murmullo de la conversación y no tengo la más mínima idea de lo que se está hablando, aparentemente algo gracioso porque comienzan a reír. Río.

Comparto mesa con tres chicas de unos veinte años. La que tiene la palabra está enfrente de mí y mientras habla golpea la mesa fuertemente en los momentos de la conversación que supone son más emocionantes, tiene una cara simpática, no deja de hacer revolotear las manos en torno suyo, tiene la resolución y la seguridad que sólo tienen aquellas que en algún momento se han creído guapas y la sonrisa hundida de insatisfacción por creer haber dejado de serlo, comete incesantes fallos gramaticales; me pone nerviosa…

A mi lado está sentada la más tímida de las tres, tiene una expresión dulce y es mona pero se envuelve en un manto de inseguridad que la hace pasar inadvertida. Secretamente mira a un chico guapito con cara de niño que intenta camuflar su propia timidez andando muy muy erguido, ella nunca le hablará. Viste muy femenina y formal, una niña buena de Toledo.

La última es de esas chicas que intentan convencer al resto del mundo de que son inquebrantables, que no se mueren por nadie ni pierden el tiempo preocupándose por nimiedades. Hoy lleva rimel. A veces ella también pierde el hilo de la conversación; su mirada se queda plana, vacía; se cierra en si misma con quién sabe qué cavilaciones. Aunque no soportaría admitirlo, se muere por acercarse a la barra a hablar con aquel chico que le pidió el teléfono. Lo sugiero y casi se molesta, cómo puedo creer esas cosas. Pero le tiembla la voz cuando se da cuenta que él la está mirando. El rojo de sus labios delata que se los ha estado mordiendo, debe ser duro mantenerse siempre impasible. Pobrecita, no sabe que pierde más que gana con farsas.

Dejo volar la vista y me doy cuenta de la presencia de las miradas perdidas. No me refiero a estas que atraviesan ventanas y se pierden en el infinito sino a aquellas que, como ciertas balas de guerra, vuelan sin objetivo fijo, sin víctima determinada, y que sin prevenir, impactan.

Cuando sus trayectorias quedan peligrosamente cerca de mi oído, inmóvil, las escucho silbar a su paso.

¡Uis! ¡Vaya!          tocada.

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Noviembre 26, 2007, 9:12 pm | No Comments »

Ayer estuve a punto de abordar a otra víctima; estaba sola e indefensa, totalmente relajada sin poder imaginar que la observaba, sin sospechar lo que se le avecinaba…tal y como yo quería.

… 

[Cafetería universitaria, llena de movimiento, voces y humo de croissants que se queman en la plancha. Estudiante lee sentado en una mesa cerca de la ventana. Chica se dirige hacia la misma mesa tambaleando un vaso de café. Tiene dificultad en llevar la mochila al hombro, el vaso, el plato, la cucharilla. Derrama algo de café.]

Chica- ¿Puedo?

[Chico asiente con la cabeza y continúa lectura. Ella se sienta en frente y calienta las manos con el vaso. Mira al chico de vez en cuando, indecisa. Chica comienza a hablar del tirón, sin dejar meter baza. Coge una servilleta y un boli y comienza a escribir. Justo en este momento el chico le dirige una mirada (nunca coinciden mirándose). Chica garabatea frenéticamente. Cuando acaba desliza el papel por la mesa hasta el chico. Extrañado; coge el papel y lo lee.]

servilleta

 

servilleta revés.   .   .

 Y ahí está la duda del guión; todo depende de cómo reaccionase el chico en la vida real ante esto:

Se iría antes de que ella le entregase el papel porque ya se había bebido su café y la chica seguía escribiendo?

Pensaría que lo único que busca la chica es ligar y la tacharía de insulsa?

Se extrañaría pero empezaría la conversación o contestaría por escrito?

Ni siquiera se extrañaría?

Se sentiría fuera de lugar e intentaría evadirse cuanto antes..?

Sea cual sea la opción que creáis más plausible ¿cómo sería su próximo encuentro? Ese es el principal problema de actuar como en las películas, de decir las cosas tal y como se formulan en la cabeza; todo queda condicionado, al menos mucho más que por una metedura de pata corriente en  cualquier conversación. A partir de ese instante la chica sería juzgada por el chico a través del prisma  de la opinión  que la servilleta ha creado. Ainss…si se pudiese ir diseminando pequeños actos de locura por el mundo sin tener que justificarse.

 Posiblemente se podría averiguar mucho sobre la personalidad del chico tan sólo viendo su reacción ante algo así; cuanto más extrema es la situación en la que se uno está menos enmascarado se muestra. Sin embargo luego dudo de cómo respondería incluso yo ante el mismo trato…¿le vería como un ligón? ¿un psicópata? ¿me sentiría insegura y tendría una respuesta torpe?

Prefiero ser depredador con premeditación y alevosía que presa.

Este texto tiene relación con otro que escribí sobre “¿Por qué? No, en serio ¿Por qué no se puede actuar como en la televisión?” pero que tras pasearlo por medio Madrid, amasarlo y maltratarlo parece haber desaparecido…no os perdéis gran cosa, poco más que el problema que me supone no decir lo que imagino.

Por cierto: sorry, sorry por tener esto estancado tanto tiempo pero he pasado un periodo de profunda estupidez y era incapaz de poner dos palabras coherentes juntas.

Posted by arridens, filed under Suelo Soñar, ficción?. Date: Noviembre 25, 2007, 10:22 pm | 2 Comments »

01  Oct
Poema

AMANDA

amandaPor ahorrarnos la demanda,

la llamaremos Amanda

(o “la que encuentra contento

esnifando pegamento”).

 

 

Sé que tiene este desliz                                                                         amanda burton

 

pues cada vez que se suena

 

el kleenex -tras que ella truena-

 

 

 amanda,

se le pega a la nariz.

 

Tim Burton, La melancólica muerte de Chico Ostra.

 

Las dudas sobre el amor que me profesa Tim Burton han sido resueltas.

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Octubre 1, 2007, 10:29 am | 2 Comments »

13  Sep
metropolitano

No soy rara. Yo lo llamaría ser impulsiva…no reflexiono sobre lo que voy a hacer, sólo actúo, me dejo llevar por los impulsos. Sí, es eso. Hay bastante gente que critica mis actos pero creo que lo hace sobre todo por frustación; ellos también desean ser lo suficientemente valientes para ser espontaneos, fieles a sus instintos.

Me gusta ser rara. Me encanta descolocar, ver como les cambia la cara al quedarse en blanco y como sufren por un instante sin saber como reaccionar. A veces su desconcierto es casi imperceptible pero intuitivamente soy capaz de captar una pequeña dilatación de las pupilas, un tic en la mejilla, la tensión en el maxilar…en esos momentos se me alargan los ojos, toda la cara, como un gato al que se le hace ronronear.

Supongo que tú tampoco habrías comprendido mi comportamiento. Por eso me vi forzada a ir cinco metros detrás de ti, escondida por la multitud. Pero eres tú el único culpable por lo que me he visto obligada a esto.

Yo quería una peli, sólo eso. Sin embargo te empeñaste en buscar mi mirada, la sostenías, la absorbías mientras me pedías los datos necesarios para el alquiler. El primer día no pasó a ser más que una anécdota pero con el tiempo esa mirada me minó hasta convertirse en una obsesión. Sólo veía, pensaba, pintaba ojos negros descarados. Bajé al videoclub compulsivamente sacando más películas de las que me daba tiempo a ver. No me bastaba ya con eso. Aunque no lo demostrases debías sentirlo tú también.

Aquel día me vi obligada. Debía saber dónde vivías.¿Imagínate que cambiases de empleo? ¿Dónde podría encontrarte? Además era necesario asegurarme de quién era esa chica que te acompañaba.

¿Qué querías que hiciese? Cerraste el videoclub a las 23:07, emprendiendo el camino, que ya sospechaba, hasta el metro. Te seguía de cerca, a veces casi imprudente. Pronto me di cuenta que mi abrigo blanco era poco discreto pero algo que no entendía de cautelas me arrastraba, me obligaba a continuar. Fui consciente de que  mi expresión delataba un ansia animal porque las personas que pasaban a mi lado apretaban o disminuían el paso, algo asustadas, para alejarse de mi…Intenté moderar mi mirada desorbitada y me introduje en un vagón contiguo al tuyo. Vijilaría a través de la ventana tu descenso. El tren arrancó y las estaciones empezaron a sucederse. Yo esperaba paciente en el asiento de la esquina.

 Dependiendo de la parada el número de pasajeros que subían o bajaban variaba. En algunas el ambiente se hacía sofocante y tenía dificultad en atisbar lo que pasaba al otro lado del cristal. Entonces me enervaba, me revolvía de rabia e inquietud en mi asiento propinado a aquel sentado a mi lado algún  codazo descontrolado pero yo me mantenía impasible a las miradas de desaprobación y los chasquidos de lengua por digusto que me dirigían.

El tren seguía su curso…

                             ….proxima estación…”El capricho”

                                            cuidado con intrucir el pie entre coche y andén…

             ….correspondencia con linea 7

Empecé a imquietarme; las paradas se deslizaban ante mi, los minutos pasaban y el vagón quedó desierto. Lo único que acompañaba mis pensamientos era el inagotable chirriar de las ruedas metálicas contra las vías y el resoplar de los frenos en cada parada. Parada en la que yo tensaba todos los músculos preparada para avalanzarme sobre el andén si te veía en él.

Pero nunca llegaba el momento. ¿Te habrías escapado en algún instante de despiste? Me torturaba esa posibilidad. Consideré abandonar la persecución pero aún quedaba en mi una pequeña luz de esperanza que me ataba al asiento plástico.

Pasó la media noche. Me sorprendía la longitud de la linea de metro. ¿Tantas ampliaciones habían hecho? Decidí consultar un plano; leí, releí, tracé con el dedo el recorrido que terminaba en seco, como un riachuelo que se agota en sal, sin incluir las estaciones que ahora recorría mi vehículo. No podía comprender, me costaba asimilar cualquier tipo de información, la realidad tenía brillo de ciencia ficción.

Derrepente pareció acabarse el trayecto, descoyuntadas las puertas se abrieron…perdida, tambaleante bacilé sobre si descender. Todo me era extraño. Metálico. Mecánico.

Di un paso fuera del tren como si fuera el primero de mi vida.Todo era perceptible; cómo se estiraban y contraían los ligamentos de mi pie, el crujir de mis huesos al tomar contacto con el suelo y el peso. El peso de todo mi cuerpo que embutía la carne del talón contra el cuero de la zapatilla.

” ¡Usted, señorita! Vuelva al tren inmediatamente si no quiere quedarse. Éste es el último que saldrá de aquí.”

El hombre del uniforme oscuro agitaba los brazos para darme a entender su orden y como una niña pequeña a la que se pilla en una travesura me escurrí, diminuta, como una lagartija, de vuelta a mi asiento angular.

El esqueleto de metal resopló una vez más y las puertas impactaron una contra otra, cerradas.

Fue en ese instante cuando comencé a sentir frio. La obsesión y el calor de la pasión quedaban muy lejos, substituidos por un sentimiento de creciente incertidumbre heladora que ahora me atrevo a denominar pavor. Mis sentidos quedaron entumecidos, mis extremidades colgaban  entorno a mí ajenas al resto del cuerpo (inconexas) como enormes y pesados trapos mojados, inertes.

Una presión me empujaba los hombros contrayéndome y dotando a mi espalda de una deforme joroba que hacía el respaldo insufrible.

Empezó a atormentarme un ruido que me martilleaba las sienes hundiéndolas hacia el interior del craneo como si un repugnante duende de uñas infinitas y astilladas tuviese como pasatiempo empurjarlas a la cavidad donde ahora dudaba estuviese mi cerebro. La grotesca criatura era invisible pero una pestilencia desvelaba su presencia.

Tardé varios minutos en darme cuenta que era mi corazón el compositor de la sinfonía que hacía insufrible mi existencia. Los pies, dilatados, también palpitaban al son del mis ritmo.

En algún momento durante mi delirio fui consciente de la presencia de nuevos pasajeros que ocupaban asientos salteados a lo largo del vagón. Los veía indefinidos; manchas difuminadas de colores salpicados en el fondo de una fotografía borrosa. Entre esa niebla se recortó ante mí la silueta de una mujer que me daba parcialmente la espalda.

Vestía un vestido irregular, demasiado largo por una esquina, excesivamente corto por la otra. Un vestido púrpura y negro, de licra, que se ajustaba a su cuerpo marcando a la vez huesos salientes y cúmulos de grasa apretados por la goma de la ropa interior. Bajo los pies, dos vastas plataformas rojas la mantenían separada del suelo que cosquilleaba el bolso que había dejado colgando, balanceándose con el movimiento del tren, de la punta de sus dedos. Apenas lo sujetaba dando la impresión de que caería de un momento a otro. La mujer había dejado de cortarse las uñas hace tiempo y ahora comenzaban a curvarse, descuidadas, como garras de ave de rapiña. Toda ella desprendía un recuerdo de pajarraco; el chal deformado sobre sus hombros; la curvatura de su espalda; su piel amarillenta, gruesa y rugosa, ahumada por tabaco negro; su aspera y voluminosa cabellera rubia de raíces negras y canas…plumas tricolores erizadas.

Se sintió observada porque con un movimiento brusco, como una lechuza, giró toda su cabeza hacia mí. Su mirada voló por encima de mí sin verme. Su tez se asemejaba a un pergamino al que se ha doblado demasiadas veces, gris, amarillo, ajado, olvidado. La frente se derrumbaba por encima de dos finísimas cejas garabateadas al igual que los labios que, inexistentes, habían sido dibujados irregulares con carmín donde debían encontrarse.

Como una premonición vi contraerse los músculos de su pómulo derecho y esta vez mis ojos atemorizados sí encontraron los suyos. Unos ojos sin pupila, opacos, manchados por chispas de sangre, con párpados púrpura igual que el pellejo que, bajo ellos, quedaba colgando flácido como si hubiese sido añadido al rostro con posterioridad, travistiéndolo.

No sé si fue la dureza de su mirada que generó una tesión casi palpable entre las dos; algo me impactó en la cabeza girándola bruscamente, haciendo crujir cada una de las vertebras del cuello. Con un chasquido final mi cabeza se detuvo sacudida sólo para encontrarse cara a cara con otro viajante aún más tétrico. Mantuvimos contacto visual durante apenas un segundo pero su cara quedó gravada en mi retina y me atormentaba dibujandose ante mí cada vez que cerraba los ojos.

Un rostro desembocado en una enorme papada de cortinas de grasa superpuestas que descolgadas cubrían un vasto cuello; cuyas mejillas parecían derretirse sobre el resto de los rasgos. Éstos apenas rellenaban la cara; una diminuta nariz de amplios orificios, unos ojos hundidos, como canicas incrustadas, que no paraban de temblequear , inquisidores intentando percibir todo sin llegar a captar nada fuera de la esfera que delimitaba entorno a si con su vista. Invisible.

Todo él brillaba bañado por un sudor espeso como mucosa de sapo que desprendía el aroma amargo de orín y alcohol. Unas enormes orejas rojas de lóbulos colgantes y mechones grasosos enmarcaban el cuadro de su estampa.

Un nuevo golpazo mandó mi cabeza hacia el sentido opuesto donde otra criatura acechaba. Un perfil de estatua inacabada, sin frente, descascarillada, con la huella de los dedos de su creador aún impresos encima de nariz y labios, asfixiándola. Entonces la boca se entreabrió con un movimiento arcilloso y un líquido verde salió de ella chorreando en la barbilla, surcando la cerámica a su paso.

El siguiente zarandeo no me sorprendió y conseguí frenar mi cabeza, jadeando, inflando y desinflando todo el torso al respirar, fijando mi vista en un charco de líquido viscoso naranja fosforito que inundaba el suelo neumático.

Bien por el movimiento del vagón o por voluntad propia, ocho finos reguerillos nacieron  del charco. Increiblemente finos, como hilos, se separaron del suelo arqueados, unidos entre si por una burbuja del mismo líquido que comenzó a elevarse a su vez, soportando su peso en aquellas fibrillas, formando un gran arácnido de cuerpo coloide que se desmembraba en goterones viscosos, naranjas que sembraban  un camino a su paso.

La araña comenzó a desplazarse con movimientos quebrados. Cada articulación una tuerca. Supe que ésto avecinaba antes de que ocurriese; el viscoso ser estiró sus largas patas y con la misma facilidad que caminaba por el suelo lo hizo por la barra y los asientos contiguos al mio…nunca parando su trayectoria, nunca desviándose… hasta que sentí su caricia en mi nuca , hombro, pecho, mejilla y la humedad y el peso de las gotas desprendidas intermitentemente sobre mí. Permanecí paralizada con la esperanza de que el animal siguiese su curso pero aún ahora lo noto moverse en torno a mí, mientras llevo un tiempo inestimable manteniendo fija mi vista en los restos del charco fosforito, con miedo a cruzar la mirada con otro ser o incluso conmigo misma al verme reflejada en el cristal rallado por las llaves de personas que me habrían atemorizado… en otra época.

Posted by arridens, filed under ficción?. Date: Septiembre 13, 2007, 9:23 pm | No Comments »