Street guru, Nitin Sawney
25/03/09
La seguridad lleva a la ausencia de cambio.
El hábito y la monotonía matan la inspiración y crecen como hiedras sobre el organismo.
Inspirada para unos y para otros insensata, he roto con lo previsible y me he desviado del camino augurado por mi cabeza para el día de hoy.
Todo empezó al final de la pausa-café de un congreso sobre el autor de “En busca del tiempo perdido”; se acerco a mí (o más bien yo a él, curiosa) uno de los individuos más peculiares que albergan las calles de esta, ya de por si desequilibrada, ciudad. Intentaré “bocetearlo” a mano alzada: 1,85, vaqueros desgastados igual que la chaqueta, bufanda multicolor y unos ojos azules, inmensos, de unos 70 años. Los tapaban intermitentemente mechones de cabello color perla que le caía hasta más abajo de los omóplatos. Ponía la guinda al loock una barba infinita a lo Fumanchú, igual de lisa y albina. Sin más dilación indico una imagen archiutilizada pero exacta: GANDALF. Igualito, oiga. Irónicamente, sin embargo, se hace llamar Serumano
Todo el aura Galfiano se completaba con su silencio. Mi nuevo hallazgo era mudo, y más que un impedimento era una virtud. En cuanto le dirigí una mirada sonriente, se puso a garabatear en un pedacito de papel frases ingeniosas, juegos de palabras y cuestiones para despertar (aún más) la curiosidad de una joven idealista, con afán de literata y sed de personalidades extraordinarias. Nuestro silencio hablado continuó durante las conferencias y compartimos, mientras tanto, como un tesoro, una galleta partida y dos almendras.
Mi “amigo” tiene la mirada brillante. Mi “amigo” hace gestos expresivos, casi aspavientos, abriendo grande la boca, respirando fuerte y dejando colgar la cabeza en actitud dubitativa antes de pasar sus pensamientos a palabras. Mi “amigo” no escribe ni en línea recta, ni en párrafos, ni en una sola lengua, ni sólo con palabras; sino que cambia de color, inserta imagen, cambia de espacio y de hoja aleatoriamente; de forma (deforma) que difícilmente podrás volver a leer un texto suyo si no está a tu lado para indicarte la dirección del rompecabezas de su composición. Mi “amigo” habla de si mismo en primera persona del plural, más específicamente= “nos” (aunque no me daría cuenta de eso hasta bastante más tarde…yo en estos instantes aún pensaba que había alguien más).
En plena conferencia, en un par de ocasiones, cierra los ojos y pone su mano encima de la mía, sintiendo. Me concentro y me dejo llevar unos segundos por su trance (a pesar de lo virojos que pueden llegar a estar los estudiantes de los asientos de la fila de atrás).
Me invita a comer. I hesitate; to choose easy or unexpected?
Considero la posibilidad de que pertenezca a una secta, y me pongo a analizarme para intentar ser consciente de mis debilidades por las que podrían intentar pescarme. Paranoia.
Ha(n) preparado bien el terreno y decir que no sonaría a pertenecer al grupo de los “demás”; que no entienden el presente, que dejan escapar la vida, que le(s) (le trataré en singular para evitar confusiones a partir de ahora) miran con miedo…ACCEDO.
No sé bien dónde vamos a comer; me dice que el dinero no hace falta, que nunca hace falta el dinero (el trabajo sí, pero nunca el dinero).
“Nos llevamos 37 años viviendo sin dinero, si puedes vivir sin dinero serás como nos…”
Al acabar la sesión de conferencias salimos juntos: la extraña pareja. Nadie lo puede entender.
No es fácil empezar a hablar con alguien que no te puede contestar; prácticamente me limito a seguir su paso ágil a través de las calles de Alonso y después Malasaña. Pasamos un comedor de la caridad y yo, pensando en lo de no necesitar dinero, ya estoy casi franqueando la puerta cuando veo que mi compañero sigue…y empiezo a comprender: vamos a su casa.
Vienen a un tiempo el primer escalofrío y el primer comentario tonto para intentar tranquilizarme, y sin embargo sigo avanzando…”la curiosidad no mata, sólo el miedo”…alguien me dijo eso… (ah, sí; él). Empiezo a repasar cuántas personas me pueden haber visto venir hacia aquí, me imagino quién podría aportar información a la policía…y me aseguro de saludar efusivamente a una vecina para que se acuerde de mí, just in case….
Home sweet home. Tras atravesar un bonito patio de baldosas llegamos a su pequeño piso con olor a especias. Hay que descalzarse al entrar (sí, fantástico hoy llevo calcetines gordos…uno de cada color…je je je).
Periódicos se almacenan en una esquina, y, entre pila y pila derrumbada, se aprecian párrafos enteros subrayados. Una mesa baja se esconde bajo cuadernos y diarios. Un sofá y una cama completan el mobiliario del cuarto.
Me siento en el sofá, algo rígida, él me indica con el dedo si quiero pasar a otro cuarto y yo digo que “ni de coña” con la cabeza. Él entorna las luces…siento la tensión en los capilares de mis retinas y me estiro el vestido.
Vamos a su diminuta cocina y empezamos a preparar una macedonia nada occidental (él es vegetariano; “los animales pueden oler si has comido animal”) y me siento algo más segura; yo con un cuchillo en la mano y él con un rallador. Como si estuviéramos coreografiados creando una pócima mágica, mezclamos manzana, plátano, zanahoria, uva, naranja, canela, curri, kéfir, especias innombrables…
La mesa es una caja de madera sobre el suelo. No hay platos, no hay vasos. Sólo la ensaladera de madera, palillos chinos y una cáscara de coco que nos sirve de vaso a los dos; bebemos un té espeso con leche y otras tantas texturas que dibujan espirales en la superficie. Hay una cadencia de eucaristía en este compartir silencioso. Intercalamos bocados con mis lecturas en alto de textos escritos por él. A veces él comenta algo simulando escribir con el dedo sobre su pierna, soy algo analfabeta para descifrar este tipo de código y siempre digo varias palabras antes de adivinar la adecuada (Tabú- Pictionary fusión). Terminamos rebañando el cuenco con el dedo (yo le imito como siguiendo un ritual simio de celebración de confianza).
Después de recoger volvemos al sofá.
Él deja colgando sus gafas de una lámpara y se balancean haciendo un sonido suave y armonioso. Me doy cuenta de que los dos nos damos cuenta y que nos hemos quedado mirando algo tan sencillo, tan cotidiano… Volvemos a la lectura-conversación…difícil de resumir, y poca voluntad para hacerlo no sé si sería irrespetuoso, y fácilmente se podría mal interpretar.
Tampoco entiendo todo lo que me quiere decir, voy sacando pinceladas en claro; lleva 10 años en Madrid, durante los años 60 vivió en Sausalito (cerca de San Francisco), pasó 8 años desnudo en la India, estuvo en la cárcel en Israel…esto es lo que dice, lo que escribe; ¿qué es cierto? Su extraña apariencia parece una verificación…pero hay partes de su relato que se desdibujan; le pusieron inyecciones para que hablara, o electroshock; mientras lo lee simula la boca de un grito y sus ojos se encienden. Habla de alguien que le acusó…pero no de qué.
¿Cuál es el límite entre la locura y la sabiduría?
Se acelera su respiración, se hace más profunda, intenta escribir y duda y luego me pone la mano sobre un hombro y cierra los ojos fuerte, suspirando: escribe: “tres hombres me violaron”. Desarrolla esta información pero yo no lo haré ni aquí ni ahora.
Sin embargo la conversación se desvía y vuelve la intranquilidad, que pasa a ser miedo y luego terror. Su escritura se hace más rápida, desfigurada y apasionada (pero mis ojos ya se han hecho a su letra); “aquí empieza otra parte importante de nuestro trabajo, Amanda, antes te avisé de que si querías sexo lo pidieses…” (yo recapitulo, y no recuerdo haber pedido nada parecido ni haber lanzado ningún tipo de indirecta ha este, aunque saludable, hombre anciano).
…la conversación, o monólogo, sigue derroteros sexuales y me enseña un artículo del país que habla de un abuelo porno (intento no buscar similitudes), pienso en textos que tiene en sus cuadernos con testimonios de chicas (sólo veo chicas…), me pregunta si tengo experiencia, si me he prostituido, si me han violado, si me he acostado con alguna chica…me habla de cómo ha ayudado a chicas y prostitutas con “orgasmo-terapia” (yo corto el contacto visual, veo señales desde el principio de nuestro contacto que auguraban este final, noto que las sienes me palpitan, siento ácido en la garganta, y calculo cuántos metros hay hasta la puerta, qué dejaría detrás, me maldigo por estar descalza, tenso los músculos del brazo y considero cómo de fuerte puede ser Serhumano).
Pero me falta el pistoletazo de salida, me come el miedo, pero no me muevo; quiero que la conversación cambie y este viejo con apariencia de sabio no me defraude, quiero tener esperanza en que se puede confiar en las personas (siendo chica/chico o lo que sea)…balbuceo “tengo que irme, tengo que…”consigue que me quede un poco más; las palabras escritas rojas, sobre negro, saltan violentas.
Y como una sinfonía angelical. Suena el despertador. No, no suena. Esto es la realidad.
Y hay un reloj que palpita en mi cabeza…pero esta vez no sueño y sí suena el telefonillo. Mi “amigo” lo coge y hace ruidos morses…es un joven que viene a verle, estuvo hablando con él hace unos días; el joven se descalza y se sienta; yo, auque ahora más tranquila, ya me he calzado y estoy con un pie fuera pero mi “amigo” escribe y escribe:
“La razón para irte al 25/3/09 no era ninguna urgencia, así si quieres continuar en su presente que has cortado sin razón lógica puedes volver para compartir lo que te falta para continuar a solas”
“Gracias por todo que has comprendido”
Y al final le abrazo y le abrazo de verdad con sentimiento y con ganas. El también lo hace honestamente y ejerce una presión con su palma en mis músculos a lo largo de la columna…yo también lo hago a veces…me escribe:”has superado tu miedo.”
Al salir por su puerta me recorre algún escalofrío post-vivencia-tensa.
Y no tengo miedo, y estoy feliz de irme y más de haber estado porque, además de ilesa, me voy con algo en lo que pensar, una desviación en mi camino que combate el hábito y la improductividad.
Cuando salgo por el portal él toca por el telefonillo unos acordes de harmónica. No puedo más que sonreir, y luego empezar a reir.
Hoy daría para escribir un libro.
P.D. Según rumores posteriores y pistas en sus comentarios, deduzco que Serumano no es para nada mudo, simplemente ha elegido el silencio.
“Hablar es la enfermedad; comprender puede curar.”
“¿Cuántos años de silencio puedes aguantar?”
PD2: Siempre llevar calcetines emparejados al salir de casa…por lo que pueda pasar.